Míster Balón

Copérnico lo dijo primero, Galileo lo propagó: "La tierra es redonda, igual que un balón de fútbol".


Hace tiempo que Piqué es el amo de la defensa del Barcelona. A pesar del altísimo nivel que sigue manteniendo Puyol, la presencia del central azulgrana fue fundamental para anular toda posibilidad de peligro de los delanteros del Manchester, ya fuera emparejado a Chicharito como a Rooney. Seguro que Ferguson habrá lamentado más de una vez y de dos el haber dejado marchar hace pocos años a uno los mejores centrales del Mundo. Piqué, con su carácter un tanto chulesco y provocador aporta a los barcelonistas esa dosis necesaria de mala leche tan necesaria para este juego. Es el primo de Zumosol, el chuleta del barrio que defiende a sus amigos cuando algún Ferdinand o un Vidic se encaran más de la cuenta. Si encima resulta que sabe jugar con los pies, que tiene una calidad técnica destacadisima para jugar de central sólo nos queda decir que el Barcelona y la Selección pueden descantar tranquilos atrás en los próximos años.



Rezar es pecado, al menos en el campo del Glasgow Rangers, parece que le ha dicho su entrenador Alex Ferguson al jovencisimo futbolista mexicano de su equipo Chicharito Hernández. El jugador, una de las apariciones más descollantes del último año en el fútbol internacional, tiene la costumbre de arrodillarse y rezar una plegaria al inicio de los partidos, pero parece que esta acción produce más inquietud entre algunos rivales que sus movimientos en el área. Dicen que si hace un gol la grada enmudecerá, que si hace dos la grada callará, pero que si se arrodilla a rezar antes del partido la bronca puede ser monumental. Chicharito inició esta costumbre desde que comenzó a jugar al fútbol profesional en México y el Manchester United cuando le contrató ya sabía que venía con todo el pack: con sus goles y con su fe. Y, por ende, su fe en sus goles. En definitiva, que ahora resulta que cuando un futbolista reza en público muchos se ponen nerviosos.