Míster Balón

Copérnico lo dijo primero, Galileo lo propagó: "La tierra es redonda, igual que un balón de fútbol".


Iván de la Peña se despide hoy del fútbol, jugará hoy con su equipo, el RCD Espanyol, los últimos diez minutos del partido a modo de adiós. A los 35 años, el cántabro genial ya no puede más. Quebrado por las continuas lesiones desde hace años, aun así el club perico se benefició de su juego a contagotas para sacar adelante partidos a golpe de chistera del genial De la Peña. Compañero de promoción de Raúl González, al principio se les comparó por ser los dos valores emergentes en el Real Madrid y en el Barcelona. Sin embargo, mientras Raúl desarrolló su trayectoria exitosa en el Real Madrid, hasta que esta temporada decidiera emigrar a Alemania, por contra De la Peña (incomprendido por Cruyff) salió en forma de extraño traspaso al fútbol italiano, donde tuvo un sonoro fracaso. "Lo Pelat" pasó luego sin pena ni gloria por la Ligue 1 francesa y volvió al Camp Nou, pero todo había cambiado y ya no era el niño mimado ni el hijo pródigo. No tuvo suerte De la Peña, un futbolista destinado a reinar con sus pases increíbles, con su visión de juego prodigiosa, y que finalmente quedó en figura de un equipo de mitad de la tabla como es el Espanyol. Con sus momentos de gloria, eso sí, pero Iván de la Peña fue un futbolista destinado a reinar en la Selección (sólo cinco internacionalidades), en la Champions League y en el Barcelona, pero al final por esos giros que da la vida  en forma de lesiones y mala suerte no llegó tan lejos. Sin embargo, se puede decir que De la Peña ha sido uno de los grandes talentos que ha dado el fútbol español.

"Faltó gente que me dijera a tiempo cuando debía soltar la pelota, cuándo regatear. Alguien que moldeara mis condiciones naturales. Porque yo era un jugador diferente, poco normal. Ahora aspiro a desarrollar esta tarea con los chavales". Son palabras de Onésimo Sánchez, ex jugador del Real Valladolid, Barcelona, Cádiz, Rayo Vallecano y Burgos, entre otros. Las palabras de alguien que reconoce haber desperdiciado un innegable talento por no centrarse en mejorar sus condiciones, mejorando en sus defectos y haciendo un buen uso de sus muchas virtudes. La carrera futbolística de Onésimo es la de un deportista con unas condiciones extraordinarias pero mal enfocada, abusaba de sus condiciones para el regate en todas las zonas del campo convirtiéndo en estériles sus muchas virtudes. Onésimo fue uno de los jugadores con mejor uno contra uno de Europa, un delantero con chispa, con una técnica y un regate endiablado, buen pasador (cuando la soltaba) y poco goleador. Es curioso que un futbolista con una carrera tan errática haya dejado tan buen recuerdo y tanta impronta en la memoria de muchos espectadores de las décadas de los 80 y los 90. Hasta Johan Cruyff se fijó en él y lo fichó para su Barcelona, pero una vez en la ciudad condal jugó muy poco y al año siguiente lo devolvió al Valladolid. El denominado "rey del regate" pudo haber sido más pero no quiso o no supo hacerlo. En definitiva, fue un "chupón" sin remedio, había un balón para él y otra para el resto. Pero verle jugar era un deleite... hasta que el entrenador le sustituía harto de su anarquía.