Míster Balón

Copérnico lo dijo primero, Galileo lo propagó: "La tierra es redonda, igual que un balón de fútbol".

El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, se ha mostrado muy crítico con el papel de la periodista Sara Carbonero y de su cadena Telecinco. El presidente de la APM no tuvo reparos en entrar en el debate que hasta medios internacionales como 'The Times' ha llevado a sus páginas. En los cursos de verano de la universidad Menéndez Pelayo de Santander, Urbaneja calificó de "vergüenza" la ubicacion de la periodista "al lado de la portería de la selección española", defendida por su novio y capitán del equipo, Iker Casillas. "Como periodista debería saber que no debe implicar personalmente sus emociones en las historias que construye". Y le dio un consejo: "Si ella quiere ser una buena profesional, no debe dejarse empujar a las malas prácticas del periodismo", a las que Urbaneja consideró como "un claro ejemplo de malversación de los valores del periodismo en la televisión". Completamente de acuerdo. Ni a los propios Casillas ni a la Carbonero les favorece este circo ni los espectadores merecen que el torneo se convierta en un chiste. Un partido de España en un Mundial no necesita de ayudas indirectas para intentar subir audiencias, porque de lo contrario ya veo quien va a ser la próxima comentarista a pie de campo de la Eurocopa: Belén Esteban.

El fichaje de Moyá por el Valencia a cambio de 5 millones de euros es una decisión cuestionable. Un club como el de Mestalla que está de deudas hasta las cejas tiene la obligación de revisar con lupa todas sus adquisiciones para que cualquier gasto no pueda ser considerado como superfluo. Moyá es un buen portero, internacinal en todas las categorías inferiores excepto en la absoluta, lo mismo que el brasileño Renán. Pero tampoco es Sergio Asenjo, el portero con mayor proyección de España desde Iker Casillas y que el Atlético pretende adquirir del Valladolid por sólo 1,5 millones más de lo que ha pagado el Valencia por Moyá. Llama la atención que teniendo cubierta la portería con guardametas de garantías, con el veterano César y el joven Renán, que la entidad del murciélago haya apostado por la incorporación de otro portero a cambio de 5 millones de euros. El Valencia está condenado a asumir su situación de extrema graveda económica y debe dejar de comportarse como un club con un potencial que no posee. En caso contrario, mayor será la caída.