Míster Balón

Copérnico lo dijo primero, Galileo lo propagó: "La tierra es redonda, igual que un balón de fútbol".


Neymar, por favor, quédate en Brasil. Quédate en tu tierra, quédate en tu Santos del alma, pero, por favor, no vengas a Madrid ni a Barcelona. Un día que sí, otro día que no. Que si cláusulas secretas, que si después del Mundialito de Clubes o tras las Olimpiadas. Neymar, no vengas. Eres otro Robinho, otro más del montón que mucho promete pero poco hace. Eres un reclamo para vender camisetas, pero probablemente seas otro espantador de títulos. Mucho regate, mucha filigrana, bicicletas y ronditos, taconazos y crestas de gallo, pero nada de nada. Neymar, ni eres ni serás nunca un Messi, ni un Cristiano, ni un Zidane, ni un Ronaldinho. Neymar, no serás nunca un Iniesta ni un Xavi ni un Cesc ni un Thiago. Serás un bluf y, Neymar, sinceramente muchos estamos ya hasta el gorro de tanta tontería.

Si algo hizo bien Mijatovic, si por alguna decisión hay que estarle agradecido al montenegrino es, sin duda, por la venta de Robinho al Manchester City en verano de 2008. La venta reportó al Real Madrid la friolera de 40 millones de euros por un jugador que nunca cumplió las expectativas que en él se depositaron. Un año y medio después, los aficionados del City bien que se lamentarán hoy por esta operación ruinosa que ha desembocado en la cesión por seis meses del jugador carioca al Santos brasileño. Cuarenta millones de euros a la basura son muchos millones, pero nunca podrán decir que el desastre no se veía venir. Robinho se marchó a la Premier prometiendo que allí se convertiría en el número uno mundial que no le habían dejado ser el el Real Madrid, pero allí (en un equipo de segunda fila hoy por hoy) se encontró con que tampoco era un futbolista indiscutible. Y descubrió, sobre todo esta temporada, que sus bicicletas no son suficientes para escalar a la cima de la titularidad en un club plagado de buenos y resolutivos futbolistas. Tévez, Adebayor, Roque Santa Cruz, Gareth Barry... le han dejado con sus posaderas en el banquillo más partidos de los que un autoproclamado aspirante a mejor jugador del mundo pudiera desear. Robinho pronto descubrió que tampoco en el segundo club de Manchester era una rutilante estrella, pero su rendimiento tampoco le ha ayudado a ganarse la credibilidad que buscaba. Al final ha buscado volver a ser importante con una nueva huida, similar a la que protagonizó a Madrid a Inglaterra. Una marcha a su querida tierra brasileña donde espera volver a sentirse un crack. Allí, en el Santos, en una competición donde completan sus últimos años las otrora figuras brasileñas como Ronaldo y Roberto Carlos, el veinteañero Robinho intentará ser el mejor de Brasil. O, aunque sea, sólo del Santos.

Los árabes que controlan el Manchester City acaban de cortarle la cabeza al bueno de Mark Hughes a pesar de la victoria 4-3 frente al Sunderland. No ha sido suficiente. El ex entrenador gales no ha cumplido las enormes expectativas creadas por los millonarios fichajes como Tévez, Adebayor, Santa Cruz, Gareth Barry y Robinho, entre otros. Independientemente de la valía o no de Hughes, un buen equipo no se hace sólo con un puñado de nombres. Hace falta tiempo. Los jeques acaban de dar las llaves del vestuario a Roberto Mancini, el ex del Inter, por lo que me temo que mucho tiki-taka no va a haber. Aquí una imagen de Mark Hughes cuando defendía la camiseta del Barça junto a Gary Lineker hace un puñado de años.

Las declaraciones del brasileño Robson de Souza "Robinho", donde afirma que está "muy contento en el Manchester City" evidencian lo que desde hace semanas es un serial por entregas, que está deseando largarse al Barça para intentar vender allí la cabra que vendió al club del Paseo de la Castellana: ser o mejor do mondo. Vete con ese cuento a otra parte parece que le ha dicho el galés Marc Hughes. El ex delantero azulgrana y entrenador el City está harto del brasileño, cuya irregularidad le hace bascular entre el campo de juego, el banquillo y las espantás a Brasil. A pesar de todo, parece que a Pep Guardiola le gusta y se ha encaprichado por él. Habrá pensado que una línea atacante con Messi, Ibrahimovic y Robinho sería la más virtuosa del mundo mundial. Aunque no se sí el técnico culé habrá previsto comprar un balón para cada uno de ellos. Es un buen delantero Robinho cuando está centrado. Un buen delantero, sin más. Bueno para cuatro millones de euros, pero muy malo para cuarenta. Yo no pagaría nunca esa cantidad por un suplente de un equipo de media fila de la Premier.